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  • Karen Valderrama perdió a su mamá cuando tenía nueve años, después de una leucemia que la tuvo varios meses en cama. Eso fue en la década del noventa. Hoy recuerda: “Perdí a la persona que más amaba en la vida y los adultos a mi alrededor actuaron como si nada hubiera pasado”.

    Los padres quieren proteger a sus hijos de la realidad de la muerte, pero por más que lo deseen, no pueden evitar que experimenten la pérdida de un familiar, un amigo o una mascota. Esto dice David Schonfeld, director del Centro nacional de crisis escolar y duelo de la Universidad del Sur de California y autor del estudio Hablando con los niños sobre la muerte, publicado en la revista científica Pediatric Health Care, en 1993.

    Schonfeld asegura que esta sobreprotección “limita el debate sobre la muerte e impide que los niños comprendan la pérdida, lo que al final interferirá con su capacidad para afrontarla.”

    Este pediatra además llama la atención sobre el reto que representa para las escuelas esa necesidad de hacer lo suficiente, pero no de abrumar. Lo hace en la columna El estudiante en duelo, una columna publicada a principios de este mes en el medio especializado The Conversation.

    La pérdida es muy común

    Karen no está segura de qué le hubiese gustado que pasara al regresar a su contexto escolar, en medio de su duelo. No quería un trato especial ni tampoco hablar de su dolor en aquella época. Al mismo tiempo está de acuerdo en que sus profesores y compañeros debieron tener en cuenta su situación, pero entonces, ¿de qué manera?

    Nueve de cada diez infantes experimentan la muerte de un familiar o amigo cercano y uno de cada veinte la muerte de un padre, de acuerdo con un artículo académico publicado en octubre de 2015 en la revista American Academy of Pediatrics (AAP).

    Por esto Schonfeld y otros estudiosos del tema brindan una serie de ideas y recomendaciones que padres y maestros pueden adoptar para hacer que la experiencia escolar sea menos estresante para los estudiantes que recientemente han perdido a un ser querido. Después de todo es en la escuela donde pasan gran parte de su día.

    Aunque estos consejos están dirigidos a educadores especialmente, también sirven para padres, cuidadores o cualquier persona que se preocupe por cómo ayudar a los menores de edad en duelo.

    Estas son las consecuencias de no hablar

    Hacer nada dice mucho a los niños en medio del desconsuelo por una pérdida. Al no hablar igual está comunicando. Esto puede hacerlos pensar que los adultos no están interesados o no están dispuestos a ayudar.

    “El silencio los deja confundidos sobre lo que ha sucedido y sobre cómo reaccionar; los deja sin apoyo y los obliga a llorar solos”, explica Schonfeld en su estudio de 1993. Lo que sugiere entonces a los adultos es hacerles saber a los menores que están conscientes, preocupados y disponibles para brindar asistencia.

    No hay mucho que pueda decir que haga que todo vuelva a estar bien para una criatura afligida, lo recomendado es escuchar, pero no callar.

    Esas cosas que es mejor no decir

    Reconsidere cualquier frase que comience con al menos, como: “Al menos ya no le duele” o “al menos todavía tienes a tu papá”. En general no son comentarios útiles. No los aliente a ocultar sus sentimientos o reacciones y no sienta que tiene que ocultar sus emociones. Sea genuino y auténtico.

    “Es importante expresarles que siente su pérdida y luego preguntarles qué está sintiendo, validar sus emociones”, dice Vicky Vera Perdomo, rectora del colegio Conquistadores, cuya metodología se basa, en parte, en los postulados de Joan Carles Mëlich sobre la Pedagogía de la Cotidianidad, que tiene como esencia al ser humano.

    Involucre a los compañeros de clase

    Seguramente que los amigos o quienes se sientan a su lado en el colegio quieren y pueden ser una fuente importante de compañía para un duelo, pero muchos no están seguros de qué decir o cómo portarse.

    Lo que recomienda Schonfeld es ofrecerles consejos sobre cómo ser empáticos con su pérdida para que los demás también naturalicen la muerte, sin invalidar el dolor. Esto ayudará a los afligidos a disminuir su sensación de soledad. También reducirá la probabilidad de que los compañeros hagan preguntas repetitivas e intrusivas o se burlen de su tristeza.

    Necesitarán Asistencia académica

    Jorge Montoya, médico psiquiatra de la ciudad y especialista en duelo de la Universidad CIDH de Tijuana, La Salle de Ciudad de México y Málaga de España, señala que debido a que los chicos pueden experimentar interrupciones significativas en el entorno de su hogar, “esto podría influir en la aparición de dificultades para concentrarse y aprender material nuevo, ya que estas distracciones podrían afectar la capacidad de aprendizaje”.

    Y si a ellos les preocupa el fracaso, la escuela se convertirá en una fuente de angustia adicional. Lo ideal es que los niños en duelo vean el colegio como un lugar de comodidad y apoyo, especialmente en un momento de pérdida.

    Para esto, sugieren los expertos, los maestros deben ofrecer acompañamiento educativo antes de que los estudiantes en duelo demuestren un fracaso académico.

    Hable con otros profesores y entrenadores y trate de ayudarlos a equilibrar sus responsabilidades. Ellos pueden necesitar que su carga de trabajo disminuya o se modifique temporalmente. Coinciden los expertos que si una tarea importante parece abrumadora, sustitúyala por algunas más cortas y más manejables.

    Qué hacer con desencadenantes de dolor

    Muchas cosas pueden recordar a los menores de edad en duelo a la persona que murió y hacer que experimenten un resurgimiento temporal de su aflicción. “Esto es inevitable”, dice Montoya. Puede presentarse por un comentario hecho por un profesor o un compañero. “Lo importante es hacerles saber que estos desencadenantes ocurren y proporcionarles herramientas para que cuando se den puedan afrontarlos de manera más clara”.

    Algunas de estas herramientas, como la caja de recuerdos, la normalización de la sintomatología y un diario de duelo son mencionadas por Montoya en su libro No es fácil decirte adiós. Actividades para trabajar con niños y jóvenes (Paulinas).

    Es importante que los niños tengan la claridad de que la muerte es permanente. Al entender este concepto a medias podrían pensar que su ser querido los abandonó. Valide sus emociones, estar ahí hará la diferencia. Por supuesto, buscar a un psicólogo también es una opción.

     

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